28.6.06
Reflejo de una mudanza
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No dudo en ponerlo junto al ventanal, en el medio, enmarcado en vidrio. ¿Qué mejor lugar para un escritorio? Con la luz del día sobre él, de este a oeste, mirando al norte, de espalda al sur. ¿Cuánto puede influenciar la ubicación cardinal de un escritorio, en el desarrollo de la actividad sobre él? Así estuvo ubicado desde que lo trajo, con la vista hacia fuera todo el tiempo. Se sentaba frente a él y miraba sobre él, era inevitable. Ese era el propósito de su ubicación, con el ventanal en frente hecho para eso, para mirar afuera. Las veces que mayor uso le dió además de sostener libros ocasionales y recuerdos materiales fueron cuando por un extraño efecto de la luz los reflejos que se creaban sobre el vidrio del ventanal dejaban ver su cara. En esos definidos momentos verse reflejado –no al igual que en un espejo, porque aparte de ver su rostro veía el paisaje exterior- era ver una doble imagen en un mismo tiempo, en un mismo punto, era perderse en un yo que estaba afuera de él. Y para evitar doblegar su propia presencia se concentraba en la superficie del escritorio y algún uso práctico le daba. Le llevó varios desconciertos reflejados tomar una decisión. No es sencillo quebrantar una decisión ya tomada. Fueron largas las horas contempladas en esa doble realidad creada por el extraño efecto de la luz en sus ojos, incluso las historias que se escaparon hacia el paisaje exterior fueron más largas todavía. Hasta hoy, que por instinto humano –a diferencia del animal, supongo, es el resultado de darse de bruces contra uno mismo- cambió de lugar el escritorio. Lo puso contra una pared. Ahora el ventanal está a su lado, le muestra el afuera cuando se desconcentra de la pared que demuele con historias reflejadas, esta vez, sobre papel.
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